Viviendo el inicio del año abrimos un espacio para que una poderosa energía se apodere de nuestra vida. La sensación de creación abunda en nuestro ser incluso, lo sentimos en nuestro cuerpo. Aparecen nuevas ideas, hacemos compromisos con nosotros mismos y en algunos casos con nuestros cercanos... Sentimos que tenemos la habilidad y la capacidad de darle un nuevo curso a nuestra vida, definimos metas y objetivos para un ciclo que empieza a repetirse desde el momento en que hacemos estos compromisos. El año va tomando forma, se escapa la primera semana y enseguida estamos entrando al final del primer mes mientras se disipa la percepción de esta energía de lo nuevo, hasta que de repente estamos en el ritmo de nuestra vida cotidiana y seguimos funcionando.
¿Qué es lo que pasa? En qué momento perdemos este poder de crear y dirigir nuestro curso. Si observamos nuestra vida en ciclos más amplios esto nos sucede también en ciertas etapas, cerca de los 15 años, alrededor de los 21 años, llegando a los 30 y así va sumando. Son momentos en los que tomamos decisiones, nos replanteamos cómo entendemos la vida y la manera como la queremos llevar. La verdad es que este poder, esta energía creadora en ningún momento se pierde. La vida que estamos llevando es la que nosotros hemos construido, es la cosecha de cada acto, cada pensamiento e idea que sostenemos en nuestra manera de comprender la totalidad. Si no te gusta y te parece incompleta, así es como la estás creando. ¿Qué estas haciendo para cambiar eso que no te gusta?
Si no tienes algo es porque no has estado dispuesto a hacer lo que sea por eso. Te invito a recordar cuando has querido algo con fuerza, cuando has deseado con tanta vehemencia que pierdes el 'control' y haces cosas que parece que en tu vida harías, que no coinciden con tu personalidad, pero lo logras. ¡Por lo general estas son las historias que nos gusta recordar y nos inspiran para saber que podemos! En su libro 'El Líder Que No Tenía Cargo' de Robin Sharma, él hace una profunda reflexión basada en un estudio en los Estados Unidos donde dice que la edad promedio del ser humano es de 80 años, ok, no suena grave. Pero luego hace un simple cálculo donde expone que eso equivale a 960 meses, lo mismo que 29.000 días.
Veintinueve Mil Días, no suena mucho. Cada día nos levantamos dando la vida por sentado, viviendo una rutina de la cual creemos que no se puede escapar. Profundizando un poco nos damos cuenta que ya no nos quedan 29.000, hemos consumido un porcentaje de un total que es hipotético porque realmente no tenemos garantizado el próximo día, ni si quiera el próximo instante. Entonces estamos sumidos en problemas que no nos permiten dormir, vivimos relaciones con personas que amamos pero que no podemos perdonar, dejamos de visitar nuestros lugares favoritos y de hacer lo que más nos gusta. Y la vida se va deshojando lenta pero continuamente. Muchas veces creemos que hacemos lo que nos gusta, pero ¿de verdad es así?
¿Hacemos lo que nos apasiona? Cuánto de lo que creemos que nos apasiona es aprendido, cuánto de eso está alimentado por un ferviente deseo de pertenecer a una idea de sociedad que vive la misma situación en todas sus dimensiones. Queremos sobresalir y marcar la diferencia en un gran grupo pero haciendo lo mismo, suena un poco incoherente. Cuánto de los logros que queremos fueron definidos por nuestros padres, nuestra familia o nuestro grupo social. ¿Queremos lograrlo o queremos el reconocimiento que eso nos otorga?¿Queremos vivir ese gran sueño o queremos sentir algo de sosiego al lograr algo que sea aceptado como que vale la pena?
La intención de esta publicación es abrir un signo de interrogación en nuestra rutina, en nuestra vida. Al comprender que cualquiera que sea, la situación de vida que llevamos es el resultado de cada una de nuestras acciones y decisiones !Puede confrontarnos o nos puede dar ánimo para saber que podemos diseñar la vida que queremos! ¿Si te dijeran hace 15 años que tu vida sería como la llevas hoy en día, lucharías por ella?¿La seguirías como un sueño? Entonces qué vamos a hacer para darle el giro a un barco que parece tan grande y atrapado en su destino.
Es necesario recurrir a toda nuestra fuerza y utilizarla a nuestro favor. Lo más lindo es que esto no significa que tenemos que renunciar a nuestro trabajo, o cambiar nuestra pareja o irnos a vivir a otro país. Si atravesamos una situación difícil en alguno de estos temas que parecen imposibles de resolver, es una excelente oportunidad para deleitarnos en el sabor de la vida. Cuando nos entregamos en un 200% en lo que hacemos, no importa dónde estemos, no importa lo que hagamos, no importa la situación que vivamos, estamos abriendo un portal hacia la plenitud. Cuando te entregas a cada cosa que estás haciendo, aunque parezca la actividad que más te aburre ocurre un cambio mágico en tu vida. ¡De verdad es mágico! sólo imagina que lo que más aborreces de repente te empiece a gustar y que lo que más te gusta lo disfrutes el doble, cambia la percepción acerca de la vida. Cuando podemos disfrutarlo todo, desde los momentos más sencillos hasta los grandes logros, paso a paso nuestra vida se hace plena y llena de momentos de dicha.
Recuerda por un momento alguna vez que le hayas dado un regalo a alguien el cual sabías que lo iba a maravillar, algo que sabías que era especial, especialmente para Esa persona. Recuerda mientras se te ocurrió la idea de regalárselo, mientras fuiste a adquirir o hacer ese regalo y ahora, visualiza el momento en que lo entregaste. !Ese momento en donde esa persona tan especial no podía creerlo y su mirada de sorpresa se dirigía a ti desbordada en agradecimiento! Recuerda cómo te sentías TU en ese instante. Ahora compáralo con ocasiones en que te han dado ese regalo a ti y te darás cuenta que es lo mismo. Cuando la entrega está dada con pasión; dar y recibir es lo mismo.
Cuando en tu día a día te entregas al máximo y das todo de ti, la vida no esperará den devolverte lo mismo con mayor intensidad. Cuando energéticamente afectamos esta dimensión, el dar y el recibir pierden el concepto de separación y se convierte en una corriente de una sola dirección, la entrega. Es por esto que al entregarte en cada actividad, en cada relación o en cada acción de tu vida, no es que estés dando ni recibiendo, simplemente te estás entregando. Te estás uniendo a un campo energético donde se generan todas las posibilidades, este campo energético responde a tu vibración y la vibración de la entrega e intensidad desata un universo de posibilidades que tu mente no puede imaginar. Entonces empiezan a ocurrir cosas inesperadas, sorpresas en tu trabajo, en tus relaciones personales y en cada instante en el que estés presente. ¡Puede ser en el supermercado, practicando tu deporte favorito o en una fiesta! No viene al caso dar más ideas o decirte cómo puede suceder porque lo limita. Piensa en las grandes cosas que te han ocurrido en la vida y notarás que llegaron de una manera inesperada, dicen que los mejores planes como una salida a una finca o un encuentro con tus amigos en un bar suceden cuando no se planean. ¿Tiene sentido no es así?
Son Veintinueve Mil Días que no tenemos garantizados, 960 meses de los cuales hemos consumido una buena porción. ¿En qué momento nos vamos sacudir y dejar salir esa gran persona que sabemos que está dentro nuestro? No te mortifiques pensando en que vas a ser feliz durante Veintinueve Mil Días, encárgate de uno por uno. ¡Hazlo especial! dile a tu jefe la idea que siempre has tenido guardada, háblale a la persona que siempre has querido conocer o simplemente disfruta lo que haces, hazlo lo mejor que lo podrías hacer y verás como todo cambia de color. Esto se convierte en un hábito y así puedes hacerte al hábito de vivir en emoción. No soy quien para decir cómo hacerlo, cada uno es dueño de su vida, de sus sueño y sus actividades, lo que sí deseo abiertamente es que cada uno de nosotros sin importar quién sea esté pleno, en lo que haga.
Imagina que esto lo hiciera tu pareja, tus padres, tus compañeros de trabajo y tu familia, todos estaremos entregados y dando lo mejor de sí en cada relación, en cada trabajo, en cada actividad. Lo único que tenemos que hacer es cumplir con nuestra parte, si piensas en los demás, será la mejor forma de inspirarlos cuando vean que estás pleno haciendo lo que más te gusta. Por los resultados no te preocupes, se están dando en cada instante en que te entregas. ¿Y por la calidad de lo que hagas? Imagina cómo son cuando das lo mejor de ti. Ánimo.
LIG
Recuerda por un momento alguna vez que le hayas dado un regalo a alguien el cual sabías que lo iba a maravillar, algo que sabías que era especial, especialmente para Esa persona. Recuerda mientras se te ocurrió la idea de regalárselo, mientras fuiste a adquirir o hacer ese regalo y ahora, visualiza el momento en que lo entregaste. !Ese momento en donde esa persona tan especial no podía creerlo y su mirada de sorpresa se dirigía a ti desbordada en agradecimiento! Recuerda cómo te sentías TU en ese instante. Ahora compáralo con ocasiones en que te han dado ese regalo a ti y te darás cuenta que es lo mismo. Cuando la entrega está dada con pasión; dar y recibir es lo mismo.
Cuando en tu día a día te entregas al máximo y das todo de ti, la vida no esperará den devolverte lo mismo con mayor intensidad. Cuando energéticamente afectamos esta dimensión, el dar y el recibir pierden el concepto de separación y se convierte en una corriente de una sola dirección, la entrega. Es por esto que al entregarte en cada actividad, en cada relación o en cada acción de tu vida, no es que estés dando ni recibiendo, simplemente te estás entregando. Te estás uniendo a un campo energético donde se generan todas las posibilidades, este campo energético responde a tu vibración y la vibración de la entrega e intensidad desata un universo de posibilidades que tu mente no puede imaginar. Entonces empiezan a ocurrir cosas inesperadas, sorpresas en tu trabajo, en tus relaciones personales y en cada instante en el que estés presente. ¡Puede ser en el supermercado, practicando tu deporte favorito o en una fiesta! No viene al caso dar más ideas o decirte cómo puede suceder porque lo limita. Piensa en las grandes cosas que te han ocurrido en la vida y notarás que llegaron de una manera inesperada, dicen que los mejores planes como una salida a una finca o un encuentro con tus amigos en un bar suceden cuando no se planean. ¿Tiene sentido no es así?
Son Veintinueve Mil Días que no tenemos garantizados, 960 meses de los cuales hemos consumido una buena porción. ¿En qué momento nos vamos sacudir y dejar salir esa gran persona que sabemos que está dentro nuestro? No te mortifiques pensando en que vas a ser feliz durante Veintinueve Mil Días, encárgate de uno por uno. ¡Hazlo especial! dile a tu jefe la idea que siempre has tenido guardada, háblale a la persona que siempre has querido conocer o simplemente disfruta lo que haces, hazlo lo mejor que lo podrías hacer y verás como todo cambia de color. Esto se convierte en un hábito y así puedes hacerte al hábito de vivir en emoción. No soy quien para decir cómo hacerlo, cada uno es dueño de su vida, de sus sueño y sus actividades, lo que sí deseo abiertamente es que cada uno de nosotros sin importar quién sea esté pleno, en lo que haga.
Imagina que esto lo hiciera tu pareja, tus padres, tus compañeros de trabajo y tu familia, todos estaremos entregados y dando lo mejor de sí en cada relación, en cada trabajo, en cada actividad. Lo único que tenemos que hacer es cumplir con nuestra parte, si piensas en los demás, será la mejor forma de inspirarlos cuando vean que estás pleno haciendo lo que más te gusta. Por los resultados no te preocupes, se están dando en cada instante en que te entregas. ¿Y por la calidad de lo que hagas? Imagina cómo son cuando das lo mejor de ti. Ánimo.
LIG
No hay comentarios:
Publicar un comentario